



Para mí no hay nada más sencillo y agradecido que un buen plato de mejillones. Me encantan hechos al vapor o cocidos en agua, suavemente aderezados con una ramita de apio. Pero no mucha, simplemente un aromilla. Para cocerlos yo utilizo una parafernalia particular que os voy a explicar. Cazuela con agua y la consabida ramita de apio. Cazuela con colador grande y espumadera sobre un platito, para no empercocharlo todo cada vez que saque un mejillón. Pongo el agua al fuego vivo y cuando comienza a hervir sumerjo los mejillones por tandas. Se van abriendo y los voy sacando al colador. El agua se filtra y se reserva para un arroz que sabrá a gloria. Yo suelo separar las valvas y dejarlos en la concha a la que están unidos y ordenarlos sobre una gran bandeja. No cuecen más de 25 segundos, por lo que quedan tersos y frescos. Si alguno no se abre va a la basura del tirón y, como es de ley, previamente los he cepillado y retirado las barbas con un cuchillo. Aquí véis unos espectaculares en escabeche de la marca Herpac. Los famosos tigre del libro de tapas que hice con Enrique Becerra y los que abren el reportaje que preparé en casa para darme un homenaje. A estos les acompaña muy bien una cerveza helada de botellín.
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