




He tenido la suerte de volver a la casa de Julio Fernández. Entrar en un restaurante estrella Michelín impresiona un poco pues te planteas ciertas cuestiones entre las que destaca el factor sorpresa. ¿Qué es diferente? ¿Porqué el galardón? A primera vista todo parece normal, pero cuando los platos comienzan a desfilar el desconcierto se convierte en euforia. Todo está calculado. Las formas y los colores, los olores, la composición…cada detalle tiene un significado que no hace más que refrendar el premio al esfuerzo y a la sensibilidad con la que se agasaja al cliente a través de cada plato. Siempre que veo algo así, siempre que experimento una sensación igual, pienso de cada imagen "es como un traje de novia". Y es cierto Abantal y Julio están felizmente casados con la alta cocina. Eso es indiscutible. Un hecho irrefutable, le pese a quién le pese.
No hay comentarios:
Publicar un comentario